Mi historia con los ángeles

Soy Ingrith Schaill, canalizadora de ángeles y arcángeles y fundadora de la escuela angelical que hoy acompaña a más de 89.000 estudiantes de todo el mundo a recordar que nunca han estado solos.​

Pero mi camino con los seres de luz no empezó en un templo, sino en una casa humilde, con gritos, golpes y profecías de una madre que, sin saberlo, se convirtió en mi primer ángel humano.

Una infancia dura… y una madre profeta

Nací en Barranquilla, en una familia sencilla donde el dinero casi nunca alcanzaba y cambiar de colegio o de casa era algo frecuente.


Mi madre era ama de casa y modista del barrio: cosía vestidos para todos, sostenía la casa como podía y, lo más importante, hablaba vida sobre sus hijos.

Mientras nos faltaba para un helado, ella nos repetía que de adultos tendríamos una vida mejor, más estudios, más oportunidades y una casa llena de cosas buenas. Yo la escuchaba decir que íbamos a “llegar lejos”… y esa frase se convirtió en la primera profecía que vi cumplirse cuando la vida me trajo a Estados Unidos.

Mi padre, técnico en aviación, era conocido y querido por todo el barrio, pero también muy duro. Crecí bajo un régimen casi militar con mi abuela y con un padre que usaba el castigo físico como forma de educación; Hubo golpes, humillaciones y escenas que marcaron profundamente a la niña que fui.

Desde muy joven tomó una decisión: no repetir esa historia . Aprender sola a ser disciplinada, a cuidar el entorno emocional de los niños ya no permitir la violencia en mi propia familia.

La adolescente que se volvió “la adulta” de la casa

Cuando mis padres se divorciaron, yo tenía 18 años y me convertí, de golpe, en la cabeza del hogar.


Me tocó hacerme cargo de la economía, de las matrículas de mis hermanos, de organizar a mis padres por separado y de decidir cosas grandes siendo casi una niña: quién se quedaba en qué colegio, cómo se pagaban las cuentas, cómo se mantenía la casa en pie.

Ese “entrenamiento forzado” me volvió fuerte, estratégica y controladora. Hoy entiendo que aquella etapa me preparó para sostener grupos grandes, decisiones importantes y proyectos espirituales de alto impacto… pero también fue una escuela para aprender a soltar el control, porque vivir en modo “salvavidas de todos” enferma el alma y el cuerpo.

Una sensibilidad que no encajaba en una vida “normal”

Desde pequeña percibía cosas que otros no veían: presencias, intuiciones, mensajes internos que no venían de mi mente racional.


Sin embargo, durante muchos años quise una vida “normal”: trabajo estable, casa, pareja, niños, fines de semana tranquilos.

Todo lo que veía y sentía lo “colgaba en el clóset” interior. No quería profundizar. No quería ser “la rara”. Yo misma le pedí a los ángeles que no se me aparecieran básicamente, que me hablaran por dentro, no “como los muertos” que veía mi mamá.​

El día en que el Arcángel Miguel cerró una herida con sus propias manos

Hubo un momento que cambió todo.


Un viernes, preparando la cena, me corté profundamente un dedo con un cuchillo grande mientras partía un pollo. La herida se abrió tanto que pude ver dentro, y la sangre empezó a correr sobre el fregadero.

Metí las manos bajo el agua, cerré los ojos y solté una palabrota humana. Cuando los abrí, vi cómo la herida se iba cerrando sola, como en una película: la piel se unía y la sangre que estaba sobre la piel desaparecía, quedando solo el rastro en el agua que corría por el desagüe.

Del susto, me eché hacia atrás… y allí estaba Él, parado frente a mí, visible con mis ojos físicos: el mismo ser de luz que había sentido y visto interiormente desde niña. Reconocí al instante al Arcángel Miguel.

Mientras el dedo seguía doliendo pero se reparaba, entendí algo muy claro: este llamado no se iba a ir , aunque yo lo ignorara. Me senté en el suelo, lloré y le dije: "Ya entendí. ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué sigue?". Su respuesta fue una sola palabra: “Múdate”.

Esa orden desencadenó una mudanza, cambios familiares y una nueva etapa espiritual donde ya no podía fingir que “no sabía qué había que hacer”.

Del trabajo “normal” al servicio angelical a tiempo completo

Años después, ya acompañaba a personas los fines de semana y después del trabajo, pero de manera informal. La cantidad de gente que llegaba a mi casa empezó a desbordarme: filas en el corredor, llamadas a las 7 am ya las 11 de la noche, vecinos molestos, cero estructura.

Un día me sentí tan abrumada que hice una oración clara a Dios:


Si tú quieres que yo haga esto, muéstrame el camino y ayúdame a ordenarlo”.

La respuesta llegó como una avalancha en una sola semana:

  • Me llamé Telemundo para invitarme a un programa, y ​​esa productora se volvió después de una gran amiga.

  • Una editorial me propuso escribir un libro sobre mis experiencias psíquicas, que terminaría llamándose Viendo fantasmas .

  • Mi hermana me ofreció, casi al mismo tiempo, conectar con alguien que podía crear mi primera página web.

Fue tan evidente la sincronía que ya no pude dudar. Hablé con el Arcángel Miguel y le dije:


"Yo acepto este camino. Tú encárgate de la parte financiera de mi familia".

Dejé mi trabajo estable en 2007, con todo el miedo lógico de quien tiene responsabilidades, y en pocos meses ya estaba aportando más a mi hogar que antes, pero ahora al servicio total del Reino Angelical.

En 2009 grabé mi primer video en YouTube sobre cómo conectarme con los ángeles, convirtiéndome en una de las primeras voces en español para hablar de este tema en esa plataforma.


Desde ahí, las invitaciones a televisión, entrevistas y eventos se multiplicaron: Telemundo, Univisión y congresos presenciales con cientos de personas buscando sanación y guía.

De la mujer de las fiestas a la maestra de los ángeles

Dejar de ser “la chica alegre de la parranda” para convertirme en una mujer que habla de sanación, fe y propósito no fue fácil.


Algunas amistades se alejaron, otras se burlaron, y hasta mi propio esposo dudó de que este fuera un camino “serio” o sostenible.

Pero allí se activaron dos de mis grandes pilares: tenacidad y fe.


Siempre he sido una mujer de trabajo; cuando quiero algo, pienso en ello, actúo, me formo y lo conquista. Y siempre he tenido una fe inquebrantable en que, si Dios y los ángeles lo ponen en mi corazón, se abrirá el camino necesario.

Esa fe me sostuvo en decisiones fuertes, como continuar mi embarazo de mellizos a los 45 años a pesar de un pronóstico médico muy complicado, y también en los momentos en que estuve al borde de la muerte y aún así supe que seguiría aquí para cuidar de mis hijos y de mis estudiantes.

Nace la Escuela Angelical Cuántica y un linaje de canales

Con el tiempo, la consulta individual se quedó corta.


Sentía que mi misión no era solo dar mensajes, sino enseñar a otros a escuchar a sus propios ángeles y formar terapeutas, maestras y canales serios y responsables.

Así nació la Escuela Angelical Cuántica Insha , un espacio donde combino:

  • Años de experiencia en canalización y terapia angelical.

  • Procesos cuánticos de sanación y manifestación.

  • Estructura pedagógica para que la espiritualidad deje de ser algo “etéreo” y se convierta en un camino aplicable a la vida diaria.

Hoy, la niña que fue golpeada por soñar y la joven que cargó sobre sus hombros una familia rota, acompaña a cientos de personas a sanar sus historias, a descubrir su propio canal y, si así lo eligen, a convertir su don en servicio al mundo.